Entrevista a Salvador J. Serrano (II)

P. Usted se inició en la práctica del ajedrez antes que en la de escritura de poesía.

 

R. Así es. En 1968, ya oía hablar del ajedrez. Cuando vi anotaciones de partidas en una revista de mi padre, Guardia Civil, me interesé por practicarlo. Un amigo, Alberto Jordá, me enseñó las reglas del juego. A partir de ese momento, compré varios libros de ajedrez para estudiar y me apunté en el equipo del colegio Don Bosco.

 

P. Luego llegó la poesía a su vida. ¿Cómo la conoció?

 

R. En 1970, suspendí el grupo de reválida de letras, por lo que me pasé todo el verano estudiando Latín y Literatura española. Aprendí la métrica gracias a un libro de José Manuel Blecua. Mientras me preparaba en la academia Miguel de Unamuno, empecé a leer poesía. Descubrí, entre otros, a Quevedo y Miguel Hernández, y me interesé por este último. Más tarde, me enteré de que mi madre era familiar de su esposa.

 

P. En 1981, publica Los poetas hablan solos. ¿Qué inspiró esta obra?

 

R. El título responde a un poema de Antonio Machado que dice: “Quien habla solo espera/ hablar a Dios un día”. No obstante, la inspiración de ese libro emana de la obra de Miguel Hernández. Me gustan el contenido de su poesía y la perfección métrica de sus versos.

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